top of page

¿Puede un cristiano fiel caer en la depresión?


1 Tesalonicenses 5:23, DHH dice “Que Dios mismo, el Dios de paz, los haga a ustedes perfectamente santos, y les conserve todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sin defecto alguno, para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Con el cuerpo nos relacionamos con el mundo físico y las cosas físicas. Con el alma nos relacionamos con las demás personas, ya que el alma abarca los sentimientos, las emociones, la mente (el intelecto y los pensamientos), y la voluntad. Mientras que con el espíritu nos relacionamos con Dios.

Así como el Espíritu puede entristecerse y apagarse, el cuerpo debilitarse y enfermarse, también el alma o la psique puede perturbarse y enfermarse. Es necesario entonces comprender que la depresión puede llegar a ser una enfermedad como cualquier otra y que la puede padecer cualquier persona, aun los fieles cristianos. Cuando una persona presenta un cuadro depresivo de origen orgánico, necesita ayuda en las tres áreas, pero fundamentalmente en el área física porque la afección está en el cuerpo, en el sector del cerebro. Es allí donde se produce una disfunción.

El juicio de otros y la culpa propia

Un creyente fiel y consagrado puede padecer esta enfermedad. Es muy duro ver cómo algunos cristianos juzgan erróneamente a una persona con un cuadro depresivo. Cuando esto sucede, aun sin intención de herir, se lo culpa sin causa pudiendo profundizar aún más su depresión. Y lo que es peor, se les coarta la posibilidad de buscar ayuda. Se lo culpa de ser depresivo. También es triste ver a un cristiano culparse a sí mismo por padecer un cuadro depresivo, sin considerar que puede tener esa enfermedad como cualquier otra, más allá de su fe, pues su mente se ha enfermado.

Cuando una persona presenta un cuadro depresivo reactivo a una situación conflictiva del entorno, necesita ayuda emocional y espiritual. Es falso y una fantasía pensar que ser cristianos nos debe hacer inmunes a la depresión; o que toda depresión se desarrolla por ocultar algún pecado. Este argumento es usado por nuestro enemigo, Satanás, para destruir y afectar la vida de muchos niños y jóvenes, y a sus familias que necesitan ayuda.

¿Cómo ayudar concretamente?

Como primera recomendación es importante establecer un vínculo de confianza con la persona que se quiere ayudar. En segundo lugar debemos tener en cuenta los “sí” y los “no” a la hora de acercar nuestra ayuda:

Lo que sí debemos hacer: Brindar contención, comprensión y apoyo. Acercarnos con afecto y cariño. Saber escuchar. Buscar tiempo para estar junto a la persona. Aceptarlos como son, valorarlos y reafirmarlos. Necesitan ayuda para salir adelante pues solos no pueden. Hacer preguntas que los hagan reflexionar y mejorar sus ideas.

Lo que no debemos hacer: Mostrarnos alegres y chistosos. Proverbios 25:20 dice: “Cantar canciones al que tiene afligido el corazón es como robarle el abrigo en pleno frío o echarle vinagre en una herida”. No juzgar, no criticar, no compadecer, no retar, no sermonear, no rechazar, no desvalorizar ni ser indiferentes. En todo momento evitar citar textos bíblicos como si fueran refranes, comportándonos como sargentos que dan indicaciones u órdenes de lo que deben hacer o dejar de hacer. No racionalizar ni acusar. No imponer que alguien debe salir o estar activo. No pedir que hagan un esfuerzo por salir adelante requiriendo que pongan un poco de voluntad, porque no se trata solo de un problema de voluntad.

El caso de Elías

En 1 Reyes 19 encontramos esta historia. Elías, un fiel siervo del Señor y un profeta obediente a sus indicaciones, logra alcanzar una alta meta y difícil misión frente al rey impío Acab y sus falsos pro-fetas, después de lo cual atraviesa un cuadro depresivo, se aparta del resto de la gente, se va al desierto y desea morir. Dios entendió que lo primero que necesitaba era descansar. Lo dejó dormir (v. 5-7) y lo reconfortó. No lo censuró. No lo obligó a tomar una decisión rápida. Sabía que necesitaba primero recuperarse de su esfuerzo físico, emocional y espiritual.

Aclaró su situación con preguntas como: ¿Qué haces aquí? (v. 9). Esto le dio la oportunidad de verse a sí mismo. ¿Por qué estás así? ¿qué piensas? La respuesta de Elías fue como la de una persona que pasa por un tiempo de depresión hoy en día, cualquiera sea la causa. Es frecuente que alguien en esa condición manifieste sentirse víctima y digno de conmiseración, expresando frases como: “esto es injusto”, “no hay futuro seguro”, “soy el más desgraciado”, “mi caso es único” (v.10). Dios hizo desviar a Elías de los ojos de sí mismo (v. 11). De preocuparse por sí mismo, empezó a mirar a otros, y a mirar a Dios. Dios le dio trabajo para hacer (v.13), algo en lo cual ocuparse, haciendo algo de valor con su tiempo.

Dios le hizo saber a Elías que la situación estaba controlada por Él. Le encomendó ungir a los nuevos monarcas. La casa de Acab fue exterminada. Dios, está siempre en control de las circunstancias y rige los destinos del hombre. Este acto que Dios tuvo con Elías, redundó en una recuperación de su cuadro depresivo, haciendo que retome sus actividades, sus tareas y su sumisión.

Nuestra actitud como líderes

Hoy nosotros como pastores y líderes, debemos saber que el depresivo necesita descanso, respetando su aislamiento para recuperar su energía, y alimentándose con buenos nutrientes. Precisamos darle el tiempo necesario sin exigencias. Luego, será tiempo de reflexionar sobre el porqué de su cuadro a través de buenas preguntas, y dejar que exprese sus sentimientos y emociones con comprensión y empatía; sin criticar ni censurar las posibles interpretaciones erróneas de su realidad.

Posteriormente, podremos mostrarle la realidad de su entorno y valía para realizar un giro de su mirada sobre sí mismo y sus circunstancias. Luego podremos sugerir tareas para realizar, ayudando a que busque metas cortas a lograr.

En algunos casos el joven cristiano deprimido puede superar este tiempo si lo ayudamos a aceptar que la vida cristiana no garantiza la ausencia del sufrimiento y a lograr tener presente las siguientes verdades bíblicas:

Reconocer que la vida es valiosa. Isaías 43:4, Juan 3:16, Filipenses 2:6-8.

Reconocer que Dios promete cuidarnos siempre. Salmo 121:7-8.

Reconocer que somos capaces. Filipenses 4:13

Reconocer que la vida tiene un propósito. Efesios 2:10

Reconocer que la vida está segura en Cristo. Mateo 28:19-20.

Reconocer que somos personas amadas por Dios. 1 Juan 4.



4 views0 comments

Recent Posts

See All

Comments


bottom of page