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La espontaneidad en la evangelización




“Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio”. Hechos 8:4

Si me preguntan cuál es el rasgo más resaltante de la evangelización de la iglesia del primer siglo sin duda respondería: su espontaneidad.

La espontaneidad es la capacidad de actuar impulsados por convicciones internas más que por coacción externa.

El anhelo de compartir el Evangelio es la expresión natural de nuestro caminar diario con Dios. Es parte integral del estilo de vida normal de un auténtico discípulo de Jesucristo. La espontaneidad en el testimonio es una marca distintiva del cristiano y un prerrequisito fundamental de toda acción evangelizadora. Es el fruto natural de la conversión y evidencia la existencia de una fe viva y vigorosa.

El ocaso de la evangelización moderna esta íntimamente relacionado a la pérdida de fervor e iniciativa para compartir las buenas nuevas de salvación. En un gran número de iglesias los creyentes no están comunicando la verdad de Dios en las esferas cotidianas de su vida (trabajo, estudios, familia, etc.). Los pastores responden a esta apatía aumentando la actividad evangelística en el templo, cuando en la calle sus miembros enmudecen. Pronto se toma conciencia de las raíces más profundas del problema: “la crisis de la evangelización es realmente una crisis de la espiritualidad”. Porque solo un verdadero discípulo puede forjar otros discípulos.

No existe plan, programa o estrategia de evangelización que pueda compensar la ausencia del impulso del Espíritu moviendo a los cristianos a ser testigos de Jesucristo en todas las situaciones de su existencia.

Hablar de espontaneidad no significa de ninguna manera justificar la improvisación y el caos administrativo, y/o condenar la necesidad de planificar y organizar. El propósito, por el contrario, es afirmar que Dios no bendice los planes y métodos evangelísticos en sí mismos (por muy buenos que sean), sino a los cristianos que participan en ellos. Dios no llena de su Espíritu a estructuras y organizaciones sino a discípulos obedientes. Dios actúa a través del compromiso agradecido de su pueblo y no por medio de campañas y cruzadas. De ahí que ninguna experiencia exitosa de evangelización pueda exportarse o reproducirse aparte de la comunidad de discípulos que la ejecuta. Si falla el compromiso de los testigos falla la eficacia del testimonio.

Si la espontaneidad es tan importante, ¿cómo se despierta en el corazón de los cristianos? La generación de espontaneidad para actuar de acuerdo a la voluntad divina es un don de Dios. Así lo expresa el apóstol Pablo: “…porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. (Filipenses 2:13). Por lo tanto escapa a cualquier intento de presión externa o manipulación interna.

Como líderes cristianos no tenemos la capacidad de producir en la vida de otros este anhelo ferviente por evangelizar, pero sí podemos crear las condiciones que permitan la acción sobrenatural del Señor, despertando pasión por alcanzar a los hombres y mujeres que viven sin Dios.

A continuación, quisiera enumerar algunas tareas y desafíos:

1) Crear una atmósfera de oración. Más que reprender y regañar a la gente por no evangelizar abramos espacios de intercesión por el mundo sin Dios. Oremos hasta que nuestro corazón llore por nuestra insensibilidad hacia aquellos que viven sin conocer el amor de Dios. Oremos hasta ver nuestro país con los ojos de Jesús, llenos de compasión y misericordia, como ovejas sin pastor.

2) Crear espacios de reflexión en torno a la cruz de Cristo. Una clara comprensión de las razones e implicancias de la muerte y resurrección de Jesucristo brinda el marco teológico básico para la acción del Espíritu, motivando al Pueblo de Dios al cumplimiento de su misión.

3) Crear un ambiente que permita el contagio de la pasión por los perdidos. Aprendemos a evangelizar viendo a otro hacerlo. En este sentido no basta decir a la gente que tiene que evangelizar, los líderes tienen que salir a evangelizar con la gente. Dentro de una comunidad donde la práctica evangelizadora descansa en un pequeño número de creyentes, se debe tomar conciencia de que no basta con que solo ellos testifiquen de su fe, sino que deben tratar que otros sean estimulados con su ejemplo.

Recuperar la espontaneidad en la evangelización es una de las prioridades en el testimonio cristiano hoy.

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