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Haz lo que yo digo y también lo que yo hago


Todos los que nos hemos rendido a Cristo por completo deseamos conocerle más para ser como Él y hablar de su Palabra. La realidad es que conocer la Biblia pero vivir sin hacer lo que ella dice nos convierte en exponentes del refrán: “Haz lo que yo digo… pero no lo que yo hago”.

• ¿Cómo puedo hacer para que mis palabras tengan firmeza? Cuando hablo de firmeza no me refiero a la rudeza o tenacidad al hablar, sino a que mis palabras sean escuchadas, creíbles y dignas de ser llevadas a cabo.

• ¿Cómo puedo lograrlo?

1- Proverbios 22:17-19 nos dice que si inclinamos nuestros oídos a los sabios, oímos sus palabras y las aplicamos en el corazón, será cosa deliciosa para nuestro espíritu y se afirmarán juntamente en los labios. El sabio no enseña con palabras sino con actos. Uno de los significados de sabiduría es: “Conducta prudente en la vida o en los negocios”.

Prudencia: “Una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo para seguirlo o huir de ello”.

2- Por eso en Proverbios 10:19 nuevamente Salomón, el gran sabio, nos enseña que hay gente que se cree sabia por hablar mucho de todo lo que sabe y así comete errores al hablar, pero que es prudente el que sabe cuándo callar.

3- Lee estos versículos en Tito 2:6-8 y te darás cuenta de que si tus palabras son prudentes es señal de que tu corazón es sabio. Por lo tanto si tus palabras son sanas e irreprochables tu adversario se avergonzará y no tendrá nada que decir de ti. “Recuerda que gran parte de la prudencia consiste en preguntar”. Muchas veces por no querer quedar como tontos preguntando, nos lanzamos a hacer o decir cosas que nos hacen quedar en ridículo.

Te aseguro que si comienzas a practicar esta verdad la gente va a desear escuchar de ti porque verán que eres un sabio que logró que el conocimiento y el ejemplo se afirmen juntamente en sus palabras (Santiago 1:22-25).

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