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EL VALOR DEL DEBATE

«En medio de una generación que clama por respuestas, los cristianos tartamudean.»— Howard Hendricks



Cuando se inicia un debate, se abren canales de comunicación y de aprendizaje. Muy a menudo, por no decir la mayoría del tiempo, el diálogo es el objetivo, y se considera un éxito si ambas partes simplemente hablan entre sí. Quizá recuerde la discusión con sus padres, que era más o menos de la siguiente manera:

«¿Por qué?» «¡Porque yo lo digo!»

Ahora, no encontrará a muchas personas que digan que ese es un debate saludable, pero debates como esos ocurren todos los días. Los estudiantes cuestionarán a un maestro o a un líder del grupo de jóvenes que solo conoce el «qué», pero es incapaz de explicar el «porqué.» El debate es un método de enseñanza que presenta grandes ventajas que no pueden obtener- se con los estilos de enseñanza más comunes de «una sola vía.» Un debate dinámico es más que solamente dialogar; abre corazones y lazos relacionales.

Jesús utilizaba preguntas para suscitar pensamientos entre sus discípulos. En la diversa ciudad de Cesarea de Filipo, Jesús les preguntó a sus discípulos quién decía la gente que era Él. Jesús no estaba buscando obtener información nueva; les planteó la pregunta para que los discípulos pensaran más allá de las leyes religiosas comunes. Los discípulos respondieron y Jesús siguió su respuesta con una interacción más personal. La respuesta de Pedro fue recibida con gran afirmación y luego con una proclama de Jesús (Mt 16:13-19). En los Evangelios se registraron varios ejemplos de la forma en que

Jesús utilizaba preguntas para incentivar a los discípulos a que pensaran más profundamente:

‘Mateo 16:13: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?»

‘Mateo 22:20: «¿De quién es esta imagen, y la inscripción?»

‘Marcos 3:23: «¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?»

‘Lucas 5:34: «¿Podéis acaso hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?»

‘Lucas 20:41: «¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?»

‘Juan 18:4: «¿A quién buscáis?»

‘Juan 21:16-17: «¿me amas?»

El método del debate está arraigado a una forma de diálogo desarrollada por Sócrates, un filósofo griego del siglo quinto a.C. Él utilizó una forma de investigación que guiaba al estudiante a pensar más críticamente, así como a descubrir nuevas perspectivas relacionadas con la línea de preguntas y, en última instancia, a una resolución personal sobre el tema en discusión. El método socrático se ocupa tanto, si no más, del proceso como del resultado.


El debate es una herramienta indispensable para aquellos líderes cristianos que quieren enseñar correctamente y ayudar a sus estudiantes a crecer en su habilidad de pensar y creer por su cuenta. Un debate saludable consiste en el diálogo o la conversación entre dos o más personas, o grupos de personas, que incluye también una comunicación no verbal. Considere los siguientes beneficios del debate:

  1. El debate fuerza a los estudiantes a pensar y a escuchar a los demás, y a comparar sus opiniones con sus creencias personales y con sus convicciones anteriores.

  2. El debate ayuda a que los estudiantes apliquen las Escrituras y la teología a las situaciones o problemas de la vida real.

  3. El debate se basa en nuestro deseo de ser conocidos, y un ambiente de debate grupal seguro brinda la oportunidad para que participen varios tipos de personalidades.

  4. El debate invita a la diversidad; las experiencias y perspectivas de todas las personas le agregan profundidad y ayudan a otros a ver desde distintos puntos de observación.

5. El debate sirve como un barómetro del aprendizaje con el cual los líderes pueden determinar si los estudiantes comprenden el material.

6. El debate ayuda a desarrollar una comunidad más fuerte. Las experiencias compartidas, las «bromas inernas» y los momentos emotivos de preocuparse por los demás generan una solidaridad cohesiva que lleva al cambio espiritual dentro de un grupo.

El debate no es simplemente una herramienta para la enseñanza efectiva. Es fundamental y debe ser una característica constante de todos los entornos de aprendizaje productivo. El debate implica trabajo duro de parte del maestro para mantener a los estudiantes involucrados y para que avancen hacia el objetivo de aprendizaje elegido. Si hacemos eso, entonces no solo hablaremos, sino que enseñaremos.


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