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¿Amor o deseo?


Alguien le preguntó a un sabio: “¿Cuál es la diferencia entre desear y amar?” Y el sabio contestó con esta metáfora: “Cuando deseas una flor, simplemente la arrancas para usarla en tu beneficio, pero, cuando amas a una flor, la riegas y la proteges velando por su beneficio. Si comprendes esto, comprenderás la diferencia”.

Desear es tomar posesión de alguien y esperar que satisfaga tus necesidades, a pesar de la terrible consecuencia de que termine marchitándose como una flor cortada. Amar es buscar el bienestar máximo de la otra persona, incluso por encima del bienestar personal. Es derramarte sobre el ser amado como agua que se derrama sobre una flor. Entonces, ¿cómo puede ser amor si no respeta a la otra persona? ¿cómo puede ser amor si avergüenza a la otra persona? ¿cómo puede ser amor si destruye a la otra persona? El amor se preocupa por el bienestar a largo plazo, el deseo solo piensa en satisfacer el capricho momentáneo.

Piensa que una flor cortada no se marchita al instante, pero ya está sentenciada a morir. De la misma manera, hay tantas cosas que aparentemente no provocan ningún mal, pero que en realidad están sentenciando a nuestra pareja a la muerte. Por eso, el que ama muchas veces tiene que decirse “No” o decir “No” a su amado, porque el que ama no busca hacer feliz a su pareja un momento, sino hacerla feliz a largo plazo.

Tristemente, la historia de Amnón relatada en 2 Samuel capítulo 13, nos muestra que este joven tenía más fuerza en sus genitales que en su corazón. Pensó que el amor se mide por cuánto deseo sientes por la otra persona y no entendió que el amor se mide por cuántos deseos estás dispuesto a sacrificar por el bienestar de la otra persona. Amnón ardía por Tamar con un fuego equivocado, la deseaba, pero nunca llegó a amarla. ¡Qué poco duró la llama de este hombre! No comprendió que el fuego del deseo es una llama que dura unos segundos, con suerte unos minutos, pero el fuego del amor es una llama que perdura.

Me atrevo a afirmar que probablemente Amnón amaba más las emociones que sentía por Tamar de lo que amaba a la propia Tamar. Confundió estar enamorado de ella con amarla de verdad. Creyó que amar es sentir, cuando en realidad amar es buscar el bienestar máximo de la otra persona a pesar de lo que sientes; a veces, en contra de lo que sientes. ¡Y entiéndeme! Estás en peligro de ser dominado por el espíritu de Amnón, tanto si eres hombre como si eres mujer.

Llamarlo amor cuando quieres decir sexo

Los que tienen el espíritu de Amnón se dan a conocer porque desean el placer, pero rechazan la responsabilidad; persiguen la intimidad física, pero huyen del pacto matrimonial; quieren disfrutar de los beneficios del sexo, pero no pagar el precio del compromiso. Además, son expertos en la manipulación emocional de sus parejas para lograr lo que desean.

“En este momento necesito que me demuestres que me quieres, sentir que soy especial para ti, que estás dispuesta a darme lo que te pido sin negarme nada”, dicen con voz de víctima. “Dame una prueba de tu amor” dicen como si les debieses algo. Pero lo que realmente están diciendo es: “Quiero sexo, ahora”. No hay más profundidad en sus palabras que esa. Parece que están hablando de amor, pero están hablando de orgasmo. Pero si nadie te lo había dicho antes, déjame que te lo grite a través de estas letras impresas ¡El sexo no es una prueba del amor, es la recompensa del amor!

Dar sexo en cualquier momento no demuestra nada porque darlo no requiere un gran sacrificio, sin embargo, reservarlo hasta el momento correcto implica el sacrificio total de nuestros instintos más básicos. La verdadera prueba del amor es ser capaz de dominar tus deseos sexuales y esperar a tener sexo en el momento correcto, cuando el rey te da su bendición para tomar a su hija o a su hijo. No hay mayor prueba de amor que esa.

Cómo terminar aborreciendo lo que has deseado

De la historia de Amnón y Tamar aprendemos que cuando satisfaces tu deseo sexual de forma prohibida, aquello que tanto deseabas se convierte en lo que más aborreces. “Luego, repentinamente su amor se convirtió en odio, y la odió mucho más de lo que la había amado”. (2 Samuel 13:15). Es fácil entender que Tamar aborreciese al hombre que la deshonró, pero ¿por qué Amnón la aborreció a ella cuando la había deseado tanto? Porque puso en ella una expectativa que ella jamás podría cumplir.

Amnón pensó: “Si la poseo, entonces me sentiré pleno”. Creyó que poseerla llenaría de sentido su vida, puso en ella la expectativa de obtener el significado que anhela toda alma humana. Creyó que ella era la respuesta a las preguntas más profundas de su corazón: “¿Quién soy? ¿cuánto valgo? ¿para qué existo?” Entonces la poseyó, pero no obtuvo lo que anhelaba. Quedó vacío. Sin respuestas. Solo una insoportable sensación de estar incompleto.

Lo peor que nos puede ocurrir es conseguir lo que queremos y descubrir que lo que realmente queríamos era otra cosa. Entonces Amnón volvió a mirar a Tamar y sintió ira. Porque la expectativa no cumplida siempre conduce a la ira. Lo que Amnón no entendió es que el sentido de su vida, la plenitud de su alma, las respuestas a las preguntas de su corazón, no se encontraban en Tamar, sino en el rey. En su padre. Nuestro significado se encuentra en la bendición de nuestro padre celestial.

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